domingo

I can be your bearer of bad news

Este fin de semana estuve casi hecha de agua.
Entre otras cosas, duermo hace unos días enrollada en una almohada, la más flaquita. O sea, dos bajo mi cabeza y una entre mis brazos y piernas. Quien sabe. Me parece que Tokio Blues me puso así, horny. Y quizá también hizo que se me vuelva tan rompible el corazón.
Entre otras cosas, Naoko murió mientras yo tomaba un tequila sunrise en pijama.
Antes de eso, mientras me rompía, asumí un par de cosas: que tengo miedo de irme sola al sur y qué tienen que ver los sapos con todo. Con TODO.
Terrible ese tema de lo sapos.
Ahora, en un microsegundo, volví a sentirme sola, a sentir esa soledad que me ahoga y me da ganas de vomitar. Porque me acordé de mi cara reflejada en una cara de "hasta acá doy". La palabra es refrain. Y también profesía.
Por eso no puedo parar con las canciones esas que te terminan de partir el alma. Pero no lloro. Porque no tengo más nada.